Salgo un momento al balcón, me siento e intento prender uno de esos cigarros que suelen acompañar mis días y mis noches. Me detengo un momento a seguir el humo que sube de manera volátil, de manera libre, de manera caótica solo para poder fijar mi mirada finalmente a ese oscuro cielo... aquel cielo que evade las situaciones adversas a las que suelen ocurrir acá en la tierra.
Esa manera de evadir me inspira tal vez, solo tal vez a olvidarme de sucesos contrarios a mi parecer, puesto que mi mente quiere vivir demasiadas cosas pero la realidad hace que suceda lo opuesto. No se si yo quisiera ser como ese oscuro cielo, que se expande lenta o rápidamente frente a mis ojos y que sigue su curso sin importarle , como lo dije ya hace un rato, lo que abajo de él ocurra. Que maravilloso seria poder levitar y volar libremente hasta donde ese oscuro cielo me lo permita, hasta donde el oxigeno se escape de mi cuerpo y finalice por completo.
Tal vez solo sean pequeños sueños que se cruzan por mi cabeza inestable e indecisa, sueños que con el paso del tiempo transmutan y se trasforman en leves recuerdos, de sueños con los ojos abiertos que de una otra forma me hacen sentir o pensar que aun vale la pena que este corazón maltrecho siga su curso, que ese corazón siga su ritmo, su palpito... un fuerte y rotundo TIC TAC.