Nos limitamos a oír, pero no a escuchar.
Nos limitamos a pensar, pero no a actuar.
Nos limitamos a mirar, pero no a contemplar.
Nos limitamos a criticar, pero no a transformar.
Pero luego -a ciencia cierta-,
Vemos que la vida trae buenos lugares,
En los que se pueden contemplar el cantar de la vida,
Pues solo con cesar el afán, los sonidos regresan.